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  • Foto del escritorMargarita Charlone

"No tienen puesta la camiseta"



Muchas veces me he encontrado con empresarios o gerentes que expresan con insatisfacción que el personal ‘”no se pone la camiseta”, comparando esta época con otras anteriores.


Esta expresión que proviene del deporte, y más específicamente del fútbol, además de colocarse la casaca del equipo por razones reglamentarias, significa defender los colores del bando propio sin guardarse nada. Al salir del ámbito deportivo, esta expresión no alteró su contenido, pues pasó a indicar que hay que entregar lo mejor de uno, hacer el mayor esfuerzo, poner energía y entusiasmo para defender los intereses de una empresa, de una institución o de cualquier emprendimiento conjunto.


Estamos diciendo entonces que la expresión lleva en sí misma un despliegue emocional positivo buscando alcanzar un resultado. Entonces estamos hablando de emociones, no de planes ni estrategias sino de la energía que mueve a las personas a ir más allá de su normal esfuerzo. Hablamos de “dejar todo en la cancha”.

¿Qué cambió, que esto no sucede? Hagamos un análisis simple: en las organizaciones antes “la camiseta” se ponía más fácilmente porque el atractivo emocional al entrar en un trabajo era tener estabilidad, conseguir el sustento de la familia, y la pertenencia. De hecho tan era así que los empleados prácticamente no cambiaban de trabajo; el solo hecho de trabajar se constituía en la aspiración laboral conquistada.

Hoy las necesidades son otras: pasan por la búsqueda del bienestar integral, el desarrollo como persona, la posibilidad de experimentar cambios, participar de las decisiones, cuestionar y confrontar órdenes, sentirse protagonistas de los procesos, actuar desde la sensación de libertad, tener buen ambiente en el equipo, sentirse querido y respetado. La camiseta hoy hay que construirla para que nuestro equipo, si les atrae, se la pongan. Es ahí donde el líder tiene que hacer un trabajo distinto.


La camiseta significa ese sentimiento de “nosotros juntos para…”, sentimiento que da sentido al hacer cotidiano. Significa construir esa visión atractiva para el equipo, construir ese faro que guíe en la incertidumbre, en los desafíos, en los problemas y conflictos. Y que independientemente de los resultados celebramos el no habernos apartado de eso que nos da identidad, nos hace vibrar y sentirnos orgullosos de pertenecer.


Para ello necesitamos líderes que construyan esa camiseta, líderes emocionales que entusiasmen a su equipo en torno a un ideal. Líderes que aprecien a las personas como son, por sus posibilidades demostradas y por las potenciales. Seguro no es desde la razón que se hace esa construcción sino desde las emociones, las emociones que aparecen desde el mundo de los ideales y que hacen grandiosas a las personas.

Te dejo algunas preguntas para que reflexiones en qué emociones te encontrás con mayor frecuencia frente a tu equipo… Porque recuerda que eso es lo que trasmitís:

¿Qué emociones sentís cuando pensás en tu equipo?

¿Qué valorás con mayor frecuencia de tu equipo?

¿Qué emociones te traen diariamente los desafíos que tienen que enfrentar?

¿Qué emociones te invaden cuando hay errores?

¿En qué nivel de energía positiva te encontrás con mayor frecuencia?

¿Como son tus niveles de empatía cuando hay debilidad?

¿Cuán orgulloso te sentís de lo logrado por el equipo?

¿Cuánto agradecimiento te surge en los momentos de esfuerzo del equipo?

¿Qué cosas celebrás en el equipo?


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