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  • Foto del escritorMargarita Charlone

La ilusión de lo instantáneo mata progreso




Somos adictos a la rapidez; y eso es entendible porque vivimos en un mundo que va acelerado. La tecnología nos ayuda a lo instantáneo. Todo parece estar a un clic de distancia para alcanzar lo que quiero: todo en el momento. Si hay que esperar, entonces no me sirve o me desmotivo. Si estoy haciendo una compra, por ejemplo, y tengo que esperar, no compro; si estoy viendo una película que no va al meollo en los primeros quince minutos, la cambio.


Lo dramático sobre la adicción a lo instantáneo es cuando lo dirigimos a cuestiones más profundas: como nuestro desarrollo como personas, profesionales, líderes, el desarrollo del equipo, de nuestras relaciones, etc. Ahí sí que se vuelve en nuestra contra.


Recuerdo el comentario de un líder que, a los dos días de haber participado en una jornada con su equipo para mejorar la comunicación, expresó que“no cambiaron nada… Siguen igual’’ . Por la misma línea, me es frecuente encontrarme en talleres o sesiones con personas que, luego de contar su problema o desafío, esperan una receta: decime qué pasos seguir y ya.


Los cambios de esa índole no operan en el nivel de instantaneidad que desearíamos. Pongamos un ejemplo: si quiero mejorar mi empatía, ya sabemos que hay ciertos pasos recomendados para desarrollarla. Pero aprenderlos de memoria no significa ni va a cambiar nada. Porque es un concepto sencillo de entender, pero maliciosamente complejo de llevarlo a la acción. Ningún cambio surge por entender una idea, sino por llevarla a cabo bien.


Profundizando en el ejemplo: para que la escucha empática se dé de manera genuina tienen que operar muchos factores: emocionales, circunstanciales y paradigmáticos de ambos hablantes que hace que sea un ida y vuelta más complejo. No hay dos conversaciones iguales y es, además, un proceso de crecimiento paulatino que debe atravesar la persona. Un proceso. No un acto instantáneo. Así me salga bien una vez, van a ver muchas veces que me volverá a salir mal. Es decir, tengo que bajar a la acción mil veces de manera consciente para que alguna vez me salga bien. Y esa acción debe estar acompañada de intención genuina.


3 ingredientes para alcanzar el cambio que deseas:


Hay 3 ingredientes que se deben dar para que pueda sostener un proceso de cambio: Motivación, Determinación, Disciplina.

  • La motivación viene de visualizar que ese objetivo que te propusiste es posible para ti y es lo que necesitás; junto con interiorizar los valores de esa persona que querés ser.

  • La determinación es la fuerza de que ese objetivo es prioritario y que lo vas a hacer aunque te salga mal mil veces; es tomar la decisión y poner foco. Todos hemos vividos situaciones donde tenemos alta determinación al comienzo, como puede ser, por ejemplo, ir al gimnasio; mil veces podemos empezar y luego dejar, pero cuando hacemos un clic real y pasamos del deseo a la acción con determinación, nada nos detiene.

  • El último ingrediente es la disciplina. La práctica consciente de sostener pequeños cambios en el tiempo, de revertir creencias y atravesar el miedo. La transformación no viene del mundo de las ideas, sino de las acciones que lleves a cabo: de la transformación de algún aspecto de tu mundo interpretativo y de sostenerlo. Es como pensar que porque leíste un libro de dieta vas a alcanzar el peso que buscás.


Pedir ayuda a veces es necesario:

Los cambios no los tenés que atravesar necesariamente en solitario. Por ejemplo, siguiendo con el ejemplo anterior, un nutricionista te podría ayudar con tus objetivos de peso y alimentación saludable. Eso sí: el esfuerzo lo debés hacer tú, 90% es tuyo y un 10% apoyo externo.


En el avance de tus objetivos de cambio personal podés recurrir a un coach. Te ayudará a identificar el cambio y que no te desvíes de lo que dijiste que querés alcanzar. Está ahí para custodiar tu proceso y apoyarte cuando te sientas caer.


Lo importante es bajar a la acción ese objetivo; no una vez, sino que miles de veces, o las que necesites. Te aseguro que te descubrirás en cada una de ellas: descubrirás algo de ti, de tus posibilidades y del impacto en otros. La disciplina te da libertad porque rompe con tus excusas y te permite avanzar dónde tu quieres.


¿Querés hacer un cambio?

· Identificá cuál sería tu objetivo

· Planteate una acción

· Trabajá en tu motivación y determinación

· Practicá esa acción muchas veces

· Poné disciplina en mantener esas acciones en el tiempo

· Aprendé de cada una de ellas reflexionando

· Volvé a practicar


¿Cuándo serás experto?

En realidad, es un camino constante… Cada día habrá un avance por pequeño que parezca, pero a medida que cambies, mágicamente verás que el mundo cambia.

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